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Un cubano utiliza frutas y condones para producir vino
AGENCIAS | La Habana | 3 de Abril de 2017 - 11:43 CEST.

A varias cuadras de distancia se percibe el olor de la fruta fermentada
que sale de la casa de Orestes Estévez, una vivienda con la fachada
cubierta por una parra y a la que cada vez más personas llegan a comprar
una botella o solo un vaso de vino hecho de uvas, guayabas, berros o
flor de Jamaica, reporta la AP.

"El más popular sigue siendo el que hacemos de uva", dijo Estévez, de 65
años, quien pasó de militar a empresario autodidacta y desarrolló su
propia marca de vino usando frutas tropicales y un ingenioso método de
fermentación: tapar los botellones con condones.

Su negocio comenzó con la producción y venta clandestinas en los 70,
hasta que en los 2000 aprovechó medidas del Gobierno de Raúl Castro para
legalizarse e instalar una pequeña fábrica en su casa, donde tiene casi
300 botellones de 20 litros tapados con preservativos y de los cuales
salen también vinos de jengibre, fruta bomba o remolacha.

Estévez, su esposa, su hijo y un ayudante contratado llevan adelante la
empresa. Compran las frutas o las cosechan, las maceran, las mezclan con
azúcar y levadura; y lo dejan reposar para luego trasvasarlo a las
botellas que fueron previamente hervidas, lavadas y etiquetadas con la
marca de la casa: El Canal.

La estancia más singular de toda la casa guarda los botellones
burbujeantes por la levadura, todos cubiertos con condones inflados por
los gases de la fermentación.

"Cuando usted le pone un preservativo a un botellón es igual que con un
hombre, se para; y cuando el vino está, a eso no hay quien lo levante",
dijo Estévez, en referencia a que al final del proceso no hay más gases
que hinchen el preservativo. "Entonces es que terminó el proceso de
fermentación".

El productor comentó que junto con otros vinicultores que conforman una
asociación probaron diferentes técnicas, ante la imposibilidad de
conseguir en Cuba las sofisticadas válvulas de presión.

La solución perfecta fueron los preservativos, aunque también hay que
saber hacerlo: "Si usted no lo pincha ese globo sale disparado. Con dos
pinchazos bastan", explicó el hombre sobre cómo eso permite que el gas
se deslice suavemente.

Entre un mes y 45 días se tarda en dar a luz un vino rústico, de buena
calidad y tan aromático como todo el olor dulzón a frutas fermentadas
que envuelve la casa de los Estévez.

Aunque el uso de los condones fue producto del ingenio anónimo de los
vinicultores cubanos, la tradición de fabricarlo en un país donde el ron
es el rey es un legado de la familia de Estévez.

Su abuelo, originario de las Islas Canarias, compró una finca en las
afueras de La Habana y Estévez solía ayudarlo en las temporadas en que
lo visitaba a preparar vino para su familia y amigos.

En Cuba, los condones tienen varios usos, además de la producción de
vino. Algunos pescadores los inflan y los anudan para usarlos como una
especie de vela que mantenga a flote la línea en espera de que pique
algún pez en las aguas frente al Malecón.

Aunque de joven vivía en un "solar", como se llama en Cuba a las
vecindades urbanas, Estévez plantó unas parras y con su fruto hacía vino
que vendía clandestinamente.

En los años 70, y tras pasar el servicio militar, se hizo oficial del
Ministerio del Interior y allí le tocó visitar 45 países, entre ellos
España. Al final también sirvió para aprender más sobre la fabricación
de la bebida.

Y cuando le tocó mudarse a su actual vivienda hace tres décadas, se
llevó sus parras y hasta comenzó a regalar algunas plantas a sus
vecinos, a quienes hoy les compra uvas.

"Hoy soy un hombre realizado, satisfecho", aseguró Estévez.

Su vivienda fue creciendo y ya tiene tres niveles. En el primero una
suerte de garaje convertido en local de ventas y a donde Orestes hijo
despacha las bebidas a clientes; un segundo, en el que vive la familia y
con una salida al patio convertido en fábrica; y finalmente una azotea
desde donde cae la parra y que ahora sirve también de lugar de reunión
para una suerte de club de unos 30 vinicultores que un sábado al mes se
reúnen para catar e intercambiar ideas.

En 2011 sacó una licencia para poder producir. Ahora es fácil conseguir
el azúcar, la levadura y la fruta que necesita, pero Estévez aún tiene
que luchar para obtener las botellas.

Según el hombre, su pequeña industria va en crecimiento y pasó de vender
unas 10 botellas diarias de vino en 2012, a unas 50 en la actualidad.
Sus ingresos de oficial retirado —de unos 500 pesos cubanos mensuales
(cerca de 20 dólares)— se incrementaron al punto de que pudo apoyar
financieramente la creación de casas de vino como la suya en otras
barriadas de La Habana.

En un país donde una botella de vino importado de España, Chile o
Argentina cuesta unos ocho dólares en las tiendas estatales, la familia
Estévez ofrece un vaso de un sabroso tinto por cinco pesos cubanos (0,20
centavos de dólar) y una botella por 10 pesos (0,40 centavos de dólar).

"Me gusta mucho venir aquí", dijo a la AP en la puerta del negocio,
Ángel García, un auditor estatal de 43 años y quien antes compraba vino
también artesanal pero que consideraba de dudosa procedencia.

Source: Un cubano utiliza frutas y condones para producir vino | Diario
de Cuba - http://www.diariodecuba.com/cuba/1491212628_30111.html Continue reading
La firma china Huawei se impone en el mercado cubano La marca gana terreno en la Isla por sus prestaciones, precios y la preferencia otorgada por el Gobierno MARCELO HERNÁNDEZ, La Habana | Marzo 23, 2017 El mercado de la telefonía móvil cambia a una velocidad que apenas deja margen para acostumbrarse a los nuevos […] Continue reading
Stephen Purvis o la vida de un extranjero en Cuba... hasta que la
Seguridad toca a la puerta
marzo 19, 2017

El hogar de Purvis era una villa hermosa de los años 50, pronto llena
con sus cuatro niños. Los sábados los pasaba en la piscina de un club en
la playa. Pero el poderoso título de sus memorias, Close but No Cigar,
es su propia admisión de lo mal que la vida puede terminar bajo un
régimen comunista.
Muchos recuerdan a inicios del nuevo milenio a Stephen Purvis en las
recepciones de la embajada británica en La Habana con sus más de seis
pies, cabello gris recortado, vaso de ron en la mano, una amplia sonrisa
y buenas historias que contar, escribe Stephen Gibbs en The Guardian en
un extenso artículo que narra la odisea del arquitecto inglés en La Habana.

A Purvis le encantó Cuba, donde escapaba de la ordenada y aburrida vida
capitalista en Wimbledon. Le habían ofrecido un trabajo como director de
desarrollo con Coral Capital, una empresa de inversión y comercio, y
decidió mudarse a la isla con su esposa, dice Gibbs en el artículo
titulado 'From now on you have no name': life in a Cuban jail (A partir
de ahora no tienes nombre: la vida en una cárcel cubana) .

Coral Capital era una de varias pequeñas firmas extranjeras -casi todas
encabezadas por individuos extravagantes y aventureros- que se
instalaban en Cuba cuando el país buscaba socios internacionales después
del colapso de la Unión Soviética.

El trabajo de Purvis era buscar oportunidades de joint venture con el
Gobierno comunista cubano. Los proyectos planificados incluyeron el
primer campo de golf que se construyó en la isla desde la revolución de
1959, y la remodelación de un hotel antes glamoroso, el Saratoga.

Cuenta Gibbs que los Purvis se instalaron en una villa hermosa de los
años 50 de la capital, pronto llena con sus cuatro niños. Los sábados
los pasaba en la piscina de un club en la playa. Purvis también se metió
en el teatro, produciendo en La Habana el espectáculo de danza cubana
Havana Rakatan, que se exhibió con éxito por varios años en Londres.

Nadie, por supuesto, imaginó que esos días de gloria terminarían tan
abruptamente, con Purvis encarcelado en lo que él describe como un
"zoológico" montado para meter a los enemigos del Estado. Pero así
resultó. El poderoso título de sus memorias, Close but No Cigar, que
saldrá a la venta este 23 de marzo, es su propia admisión de lo mal que
la vida puede terminar bajo un régimen comunista.

"La última vez que vi a Purvis en La Habana fue en 2011, pocas semanas
antes de su arresto, en una fiesta de Año Nuevo (yo había sido el
corresponsal de la BBC en Cuba entre 2002 y 2007), pues la llegada del
Año Nuevo es una gran cosa en Cuba, en parte porque coincide con el
aniversario de la revolución castrista y allí estaban nada menos que dos
de las hijas del general Raúl Castro", señala Gibbs en su artículo.

Para entonces, el terror cundía entre los extranjeros haciendo negocios
en la isla. Muchos estaban susurrando que este probablemente sería su
último fin de año en Cuba. Todos conocían a alguien que había estado
atrapado en una misteriosa pero cada vez más amplia serie de arrestos.
Dos destacados canadienses, Sarkis Yacoubian y Cy Tokmakjian, habían
sido detenidos desde el verano. Un conocido empresario chileno, que
antes se jactaba de ser amigo de Fidel Castro, había sido condenado en
rebeldía a 20 años de cárcel. Y el jefe de Purvis, Amado Fakhre, el CEO
británico-libanés de Coral Capital, había sido encarcelado en octubre.

"La sensación de un destino inminente estaba creciendo día a día",
recuerda Purvis. Asegura que sería el primero en admitir que fue "un
idiota" por no dejar el país cuando todavía podía. Pero estaba
convencido de que no había hecho nada malo.

Ninguno de los extranjeros encarcelados había sido formalmente acusado
de nada, pero se suponía que estaban atrapados en la promesa del general
Castro de presuntamente "erradicar la corrupción".

En el 2010, cientos de cubanos, incluyendo ministros y altos ejecutivos,
habían sido detenidos o despedidos. La red se estaba ampliando a los
extranjeros, que también estaban infringiendo la ley al pagar a sus
empleados cualquier bonificación por la izquierda, o incluso comprarles
el almuerzo.

Purvis, que admite pagar una pequeña pensión a un ex empleado, está
convencido de que los arrestos masivos no eran en realidad sobre la
corrupción, sino la torpe purga de la vieja guardia de Fidel Castro, que
estaba siendo reemplazada por una nueva camarilla (compuesta sobre todo
de ex militares) aliada de su hermano Raúl.

El 8 de marzo de 2012 vinieron por él. Poco después del amanecer, una
flota de Ladas sin chapa se detuvo estrepitosamente frente a su casa.
Purvis fue llevado esposado, su cabeza forzada entre sus rodillas, a una
casa anónima de estilo art deco cerca del aeropuerto. Allí, fue acusado
provisionalmente de ser un "enemigo del Estado". Se le aconsejó no
contratar a un abogado y cooperar inmediatamente. De acuerdo con eso,
fue llevado a la tristemente conocida cárcel de la Seguridad cubana
conocida como Villa Marista, en lo que se describió, eufemísticamente,
como "instrucción adicional", describe Gibbs.

"Villa", como es conocida por los disidentes cubanos, es un antiguo
seminario católico en las afueras de La Habana convertido por los
castristas en centro de interrogatorio en 1963, donde utilizan técnicas
perfeccionadas por la KGB. Eventualmente, dicen, todo el mundo "canta"
en Villa. Purvis cree que él y su jefe son los únicos ingleses que han
sido llevados allí. Durante meses, se convirtió en "Prisionero 217". Su
vida fue totalmente controlada por un hombre conocido como "el
instructor". Pasaba casi cada hora del día en una celda del tamaño de un
colchón, con otros tres internos (uno de los cuales creía que era un
informante del gobierno). Los cuatro compartían una letrina abierta.

Las terribles condiciones sólo fueron atenuadas por los "juegos
psicológicos" de los interrogatorios que tuvieron lugar día y noche.
Purvis dice que fue interrogado durante horas, a menudo sobre los
detalles de las vidas de otros extranjeros en la isla. La intención era
hacer que informara sobre cualquiera que pudiera haber hecho algo
ilegal, por poco que fuera. Purvis dice que se negó a hacerlo,
probablemente ahorrando a otros expatriados (algunos de los cuales aún
viven y trabajan en Cuba) un destino similar al suyo propio. No niega
que "la tentación estaba allí", señala Gibbs.

Después de meses en Villa Marista, dice que se sentía "a la deriva",
dormía poco y estaba perdiendo su visión. Aproximadamente una vez al mes
escuchaba de un intento de suicidio cerca. La tensión en su familia era
enorme. Su esposa sufrió un colapso y tuvo que ser hospitalizada. La
anciana madre de Purvis vino a Cuba para cuidar a los niños antes de que
finalmente se tomara la decisión de que la familia se fuera del país.

En su libro, Purvis es mordaz sobre la falta de ayuda recibida de la
embajada del Reino Unido en La Habana. Ninguna escolta consular fue
ofrecida a la esposa y los hijos de Purvis el día que salieron de Cuba.

Purvis fue trasladado a La Condesa, una prisión de máxima seguridad para
extranjeros. Describe a sus compañeros allí como "un grupo mixto" de
inocentes, asesinos, violadores y narcotraficantes.

En junio de 2013 se organizó una fachada de juicio, en un proceso que
finalmente conduciría a la libertad de Purvis, al tiempo que le
convencía del carácter burlesco de la justicia cubana. Como el juicio
era secreto, no se le mostró ninguna evidencia, por lo que nunca tuvo
oportunidad de saber de qué se le acusaba o de preparar una defensa.
Purvis fue declarado culpable de transacciones ilegales en moneda
extranjera. Su condena fue de dos años y medio de duración sin custodia.
Fue puesto en libertad.

Todos sus bienes en Cuba se han perdido. El proyecto del campo de golf
en el que trabajó ha sido asumido por una empresa china. El Saratoga es
ahora considerado el mejor hotel de Cuba. Madonna celebró su 58
cumpleaños allí el año pasado. Los inversionistas de Coral Capital
todavía están tratando de recuperar su desembolso.

Después de regresar a Londres, dice que se volvió "agresivo y volátil".
Los hábitos penitenciarios eran difíciles de sacudir. Con frecuencia
llamaba a la cárcel de La Condesa para hablar con sus amigos allí.

Purvis dice que se está "recuperando ahora", y el proceso de escribir
este impactante libro de memorias, que ha sido nominado para un premio
Gold Dagger, ha ayudado a ese proceso.

En un fragmento del libro sobre la entrada a Villa Marista se lee:

"Este lugar fue originalmente destinado a ser un seminario, pero ahora
no hay ningún signo de ninguna inspiración celestial. Dios ha abandonado
el lugar y está en las manos del lado oscuro. Aquí es donde se encierra
a los presuntos agentes de la CIA, donde los funcionarios purgados se
arrepienten y donde todos los cubanos temen pisar. Aquí es donde el
contratista estadounidense Alan Gross fue interrogado durante meses y
meses para tratar de probar que era un espía y no un activista judío.
Esta es su Lubyanka, su cuartel general de la Gestapo. Estos toscos y
verdes bloques están diseñados para extraer confesiones, reales o
fantásticas, para paralizar mentalmente a los enemigos del Estado. Tiene
una temible reputación de tortura psicológica.

Salimos a un amplio corredor… Me empujan a una habitación de lado y me
ordenan poner todas mis cosas encima de un colchón repugnante, sucio,
manchado de mierda. Una almohada manchada con sangre es tirada en la
parte superior. Miro fijamente la sangre con incredulidad, una ola de
desesperación dentro de mí…

Me arrastro, ahora casi catatónico. El guardia tiene una cadena larga
que lo rodea y un enorme bastón de goma bamboleante que golpea contra la
pared mientras marcha. Todo está en silencio excepto por el goteo del
agua, el chirrido de las botas de los guardias y el sollozo de un hombre
en una celda"...

(Basado en el artículo 'From now on you have no name': life in a Cuban
jail, publicado por Stephen Gibbs en The Guardian)

Source: Stephen Purvis o la vida de un extranjero en Cuba... hasta que
la Seguridad toca a la puerta -
http://www.martinoticias.com/a/cuba-britanico-stephen-purvis-prision-libro/141336.html Continue reading
Tras las rejas en Cuba
Por Rafa -19 Marzo, 2017

Las desgracias de un 'capitalista' aprovechador que quiso hacer negocios
en la isla de los Castro y le salió el tiro por la culata.

El hogar de Purvis era una villa hermosa de los años 50, pronto llena
con sus cuatro niños. Los sábados los pasaba en la piscina de un club en
la playa. Pero el poderoso título de sus memorias, Close but No Cigar,
es su propia admisión de lo mal que la vida puede terminar bajo un
régimen comunista.

Muchos recuerdan a inicios del nuevo milenio a Stephen Purvis en las
recepciones de la embajada británica en La Habana con sus más de seis
pies, cabello gris recortado, vaso de ron en la mano, una amplia sonrisa
y buenas historias que contar, escribe Stephen Gibbs en The Guardian en
un extenso artículo que narra la odisea del arquitecto inglés en La Habana.

A Purvis le encantó Cuba, donde escapaba de la ordenada y aburrida vida
capitalista en Wimbledon. Le habían ofrecido un trabajo como director de
desarrollo con Coral Capital, una empresa de inversión y comercio, y
decidió mudarse a la isla con su esposa, dice Gibbs en el artículo
titulado 'From now on you have no name': life in a Cuban jail (A partir
de ahora no tienes nombre: la vida en una cárcel cubana) .

Coral Capital era una de varias pequeñas firmas extranjeras -casi todas
encabezadas por individuos extravagantes y aventureros- que se
instalaban en Cuba cuando el país buscaba socios internacionales después
del colapso de la Unión Soviética.

El trabajo de Purvis era buscar oportunidades de joint venture con el
Gobierno comunista cubano. Los proyectos planificados incluyeron el
primer campo de golf que se construyó en la isla desde la revolución de
1959, y la remodelación de un hotel antes glamoroso, el Saratoga.

Cuenta Gibbs que los Purvis se instalaron en una villa hermosa de los
años 50 de la capital, pronto llena con sus cuatro niños. Los sábados
los pasaba en la piscina de un club en la playa. Purvis también se metió
en el teatro, produciendo en La Habana el espectáculo de danza cubana
Havana Rakatan, que se exhibió con éxito por varios años en Londres.

Close but no Cigar, las memorias del arquitecto británico Stephen
Purvis, arrestado en Cuba en 2012.
Close but no Cigar, las memorias del arquitecto británico Stephen
Purvis, arrestado en Cuba en 2012.

Nadie, por supuesto, imaginó que esos días de gloria terminarían tan
abruptamente, con Purvis encarcelado en lo que él describe como un
"zoológico" montado para meter a los enemigos del Estado. Pero así
resultó. El poderoso título de sus memorias, Close but No Cigar, que
saldrá a la venta este 23 de marzo, es su propia admisión de lo mal que
la vida puede terminar bajo un régimen comunista.

"La última vez que vi a Purvis en La Habana fue en 2011, pocas semanas
antes de su arresto, en una fiesta de Año Nuevo (yo había sido el
corresponsal de la BBC en Cuba entre 2002 y 2007), pues la llegada del
Año Nuevo es una gran cosa en Cuba, en parte porque coincide con el
aniversario de la revolución castrista y allí estaban nada menos que dos
de las hijas del general Raúl Castro", señala Gibbs en su artículo.

Para entonces, el terror cundía entre los extranjeros haciendo negocios
en la isla. Muchos estaban susurrando que este probablemente sería su
último fin de año en Cuba. Todos conocían a alguien que había estado
atrapado en una misteriosa pero cada vez más amplia serie de arrestos.
Dos destacados canadienses, Sarkis Yacoubian y Cy Tokmakjian, habían
sido detenidos desde el verano. Un conocido empresario chileno, que
antes se jactaba de ser amigo de Fidel Castro, había sido condenado en
rebeldía a 20 años de cárcel. Y el jefe de Purvis, Amado Fakhre, el CEO
británico-libanés de Coral Capital, había sido encarcelado en octubre.

"La sensación de un destino inminente estaba creciendo día a día",
recuerda Purvis. Asegura que sería el primero en admitir que fue "un
idiota" por no dejar el país cuando todavía podía. Pero estaba
convencido de que no había hecho nada malo.

Ninguno de los extranjeros encarcelados había sido formalmente acusado
de nada, pero se suponía que estaban atrapados en la promesa del general
Castro de presuntamente "erradicar la corrupción".

En el 2010, cientos de cubanos, incluyendo ministros y altos ejecutivos,
habían sido detenidos o despedidos. La red se estaba ampliando a los
extranjeros, que también estaban infringiendo la ley al pagar a sus
empleados cualquier bonificación por la izquierda, o incluso comprarles
el almuerzo.

Purvis, que admite pagar una pequeña pensión a un ex empleado, está
convencido de que los arrestos masivos no eran en realidad sobre la
corrupción, sino la torpe purga de la vieja guardia de Fidel Castro, que
estaba siendo reemplazada por una nueva camarilla (compuesta sobre todo
de ex militares) aliada de su hermano Raúl.

El 8 de marzo de 2012 vinieron por él. Poco después del amanecer, una
flota de Ladas sin chapa se detuvo estrepitosamente frente a su casa.
Purvis fue llevado esposado, su cabeza forzada entre sus rodillas, a una
casa anónima de estilo art deco cerca del aeropuerto. Allí, fue acusado
provisionalmente de ser un "enemigo del Estado". Se le aconsejó no
contratar a un abogado y cooperar inmediatamente. De acuerdo con eso,
fue llevado a la tristemente conocida cárcel de la Seguridad cubana
conocida como Villa Marista, en lo que se describió, eufemísticamente,
como "instrucción adicional", describe Gibbs.

"Villa", como es conocida por los disidentes cubanos, es un antiguo
seminario católico en las afueras de La Habana convertido por los
castristas en centro de interrogatorio en 1963, donde utilizan técnicas
perfeccionadas por la KGB. Eventualmente, dicen, todo el mundo "canta"
en Villa. Purvis cree que él y su jefe son los únicos ingleses que han
sido llevados allí. Durante meses, se convirtió en "Prisionero 217". Su
vida fue totalmente controlada por un hombre conocido como "el
instructor". Pasaba casi cada hora del día en una celda del tamaño de un
colchón, con otros tres internos (uno de los cuales creía que era un
informante del gobierno). Los cuatro compartían una letrina abierta.

Las terribles condiciones sólo fueron atenuadas por los "juegos
psicológicos" de los interrogatorios que tuvieron lugar día y noche.
Purvis dice que fue interrogado durante horas, a menudo sobre los
detalles de las vidas de otros extranjeros en la isla. La intención era
hacer que informara sobre cualquiera que pudiera haber hecho algo
ilegal, por poco que fuera. Purvis dice que se negó a hacerlo,
probablemente ahorrando a otros expatriados (algunos de los cuales aún
viven y trabajan en Cuba) un destino similar al suyo propio. No niega
que "la tentación estaba allí", señala Gibbs.

Después de meses en Villa Marista, dice que se sentía "a la deriva",
dormía poco y estaba perdiendo su visión. Aproximadamente una vez al mes
escuchaba de un intento de suicidio cerca. La tensión en su familia era
enorme. Su esposa sufrió un colapso y tuvo que ser hospitalizada. La
anciana madre de Purvis vino a Cuba para cuidar a los niños antes de que
finalmente se tomara la decisión de que la familia se fuera del país.

En su libro, Purvis es mordaz sobre la falta de ayuda recibida de la
embajada del Reino Unido en La Habana. Ninguna escolta consular fue
ofrecida a la esposa y los hijos de Purvis el día que salieron de Cuba.

Purvis fue trasladado a La Condesa, una prisión de máxima seguridad para
extranjeros. Describe a sus compañeros allí como "un grupo mixto" de
inocentes, asesinos, violadores y narcotraficantes.

En junio de 2013 se organizó una fachada de juicio, en un proceso que
finalmente conduciría a la libertad de Purvis, al tiempo que le
convencía del carácter burlesco de la justicia cubana. Como el juicio
era secreto, no se le mostró ninguna evidencia, por lo que nunca tuvo
oportunidad de saber de qué se le acusaba o de preparar una defensa.
Purvis fue declarado culpable de transacciones ilegales en moneda
extranjera. Su condena fue de dos años y medio de duración sin custodia.
Fue puesto en libertad.

Todos sus bienes en Cuba se han perdido. El proyecto del campo de golf
en el que trabajó ha sido asumido por una empresa china. El Saratoga es
ahora considerado el mejor hotel de Cuba. Madonna celebró su 58
cumpleaños allí el año pasado. Los inversionistas de Coral Capital
todavía están tratando de recuperar su desembolso.

Después de regresar a Londres, dice que se volvió "agresivo y volátil".
Los hábitos penitenciarios eran difíciles de sacudir. Con frecuencia
llamaba a la cárcel de La Condesa para hablar con sus amigos allí.

Purvis dice que se está "recuperando ahora", y el proceso de escribir
este impactante libro de memorias, que ha sido nominado para un premio
Gold Dagger, ha ayudado a ese proceso.

En un fragmento del libro sobre la entrada a Villa Marista se lee:

"Este lugar fue originalmente destinado a ser un seminario, pero ahora
no hay ningún signo de ninguna inspiración celestial. Dios ha abandonado
el lugar y está en las manos del lado oscuro. Aquí es donde se encierra
a los presuntos agentes de la CIA, donde los funcionarios purgados se
arrepienten y donde todos los cubanos temen pisar. Aquí es donde el
contratista estadounidense Alan Gross fue interrogado durante meses y
meses para tratar de probar que era un espía y no un activista judío.
Esta es su Lubyanka, su cuartel general de la Gestapo. Estos toscos y
verdes bloques están diseñados para extraer confesiones, reales o
fantásticas, para paralizar mentalmente a los enemigos del Estado. Tiene
una temible reputación de tortura psicológica.

Salimos a un amplio corredor… Me empujan a una habitación de lado y me
ordenan poner todas mis cosas encima de un colchón repugnante, sucio,
manchado de mierda. Una almohada manchada con sangre es tirada en la
parte superior. Miro fijamente la sangre con incredulidad, una ola de
desesperación dentro de mí…

Me arrastro, ahora casi catatónico. El guardia tiene una cadena larga
que lo rodea y un enorme bastón de goma bamboleante que golpea contra la
pared mientras marcha. Todo está en silencio excepto por el goteo del
agua, el chirrido de las botas de los guardias y el sollozo de un hombre
en una celda"…

(Basado en el artículo 'From now on you have no name': life in a Cuban
jail, publicado por Stephen Gibbs en The Guardian) Continue reading
La educación en casa está prohibida en Cuba
15 de marzo de 2017 - 15:03 - Por Oscar Elías Biscet

En las sociedades libres, escoger el tipo de educación para sus hijos es
un derecho de los padres. Los estados totalitarios no garantizan la
libertad educativa. Ese es un derecho continuamente cercenado en la Cuba
socialista

El éxito es ciertamente la consecuencia de la perseverancia. Por
supuesto, esto no es una categorización absoluta. Pero para muchos, el
trabajo constante e inteligente es el porciento fundamental de la
consecución concreta de las ideas geniales. Por eso, "el genio es el 99%
de sudor y un 1% de inspiración". Esto ha dado como resultado el
desarrollo creciente y constante del hombre y la sociedad, que demuestra
la capacidad talentosa del ser humano y nos recuerda la esencia misma
original de nuestro imago dei.

Del mismo modo, existen historias comunes convertidas en extraordinarias
por las realizaciones persistentes y la confianza en sí mismo de que sus
ideas son alcanzables y no pueden ser frenadas por la mediocridad o la
falta de visión. Veamos algunos de estos memorables paradigmas.

El niño tenía ocho años y estaba parado delante del individuo adulto;
para él, era como un gigante amenazante que lo llenaba de improperios.
Pero su irresoluta firmeza hizo irrealizable los pronósticos del
maestro. No dejo que sus sueños fueran truncados por estereotipos y el
falso diagnóstico de retardo infantil. El niño comenzó a estudiar en su
casa con su madre y, finalmente, se convirtió en un hombre de éxitos.
Este científico, inventor y empresario, cambio definitivamente la forma
de percibir el mundo. Él es Tomás Alva Édison.

Asimismo, muchas personalidades fueron fruto de esa enseñanza en el
hogar, entre ellas tenemos a Amadeus Mozart, Abraham Lincoln, Michael
Faraday, Pierre Curies, Albert Einstein, Mark Twain, Teodoro Roosevelt,
Winston Churchill.

En Cuba tenemos algunos casos talentosos en la sociedad que obtuvieron
su desarrollo de la educación en el hogar. El ejemplo más destacado es
la poetisa, escritora y cronista Dulce María Loynaz. Su novela más
conocida es Jardín (1951). Por su obra literaria recibió el Premio
Cervantes. Otro de los grandes cubanos es Claudio José Brindis de Salas,
el Paganini Negro, músico y el mejor violinista de su época. Fue
condecorado con la Legión de Honor por el Estado francés y el emperador
alemán y rey de Prusia, Guillermo II, lo nombró Barón de Sala.

En los últimos dos siglos, la educación en casa fue en detrimento por la
popularización de la enseñanza estatal. Esta, en países demócratas como
Estados Unidos y Europa, se encuentra secuestrada y malograda por estar
maniatada a los designios de los gobiernos y los sindicatos de maestros.
Sin embargo, la enseñanza hogareña es prohibitiva su aplicación en
sociedades totalitarias: Alemania de Hitler, Rusia estalinista y la Cuba
de Castro.

En general, la desconfianza y disgusto con el sistema educativo público
y privado ha llevado a la determinación de seleccionar la educación en
el hogar. Famosos y ricos como John Travolta and Kelly Preston, Tom
Cruise y Nicole Kidman, Brad Pitt y Angelina Jolie, Robert Frost,
prefirieron el ambiente familiar e individualizado para la enseñanza de
sus hijos.

En las sociedades libres, escoger el tipo de educación para sus hijos es
un derecho de los padres. Las escuelas públicas, semipúblicas, privadas,
religiosas o caseras (homeschooling) deben ser opciones para la familia.
Estas están en correspondencia con los Pactos Internacionales de
Derechos Humanos y la Declaración Universal Derechos Humanos. Esta
última en su Artículo 26, incisos 2 y 3 declara: "La educación tendrá
por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el
fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades
fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad
entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y
promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para
el mantenimiento de la paz. Los padres tendrán derecho preferente a
escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos".

En realidad, los estados totalitarios no garantizan la libertad
educativa. Permitir la educación en casa resquebrajaría su sistema y las
personas escaparían a su prédica de adoctrinamiento. Ese es un derecho
continuamente cercenado en la Cuba socialista.

En días atrás, la libertad de enseñanza y de pensamiento fueron
mancilladas impunemente por el régimen castrocomunista cuando fueron
detenidos, en Guantánamo, en el oriente de Cuba, Ramón Rigal y su esposa
Adya, por preferir la educación familiar. El Pastor y su esposa están
pendientes a sanción que pudiera terminar en encarcelamiento y la
pérdida de la patria potestad.

Ramón y Adya, al tomar esta valiente decisión con su hijo, demostraron
su nobleza. Que la libertad solo está garantizada cuando se examina todo
y se retiene lo bueno. Que la auto-educación familiar es algo de las
cosas buenas que ellos, al ir en su búsqueda, se han ofrecido para que
una nación entera viva.

Por eso, digo como Séneca: "Todo aquel que no impide una injusticia es
cómplice de ella". Pongamos nuestras ideas de libertad en práctica
virtuosa y condenemos esas injusticias. Así, este ambiente luminoso, es
el modo de hacer a Cuba libre.

Source: La educación en casa está prohibida en Cuba | Cuba, Educación -
http://www.diariolasamericas.com/opinion/la-educacion-casa-esta-prohibida-cuba-n4117277 Continue reading
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Havana 'Paladares', Between Glamor and Poverty / Iván García

Ivan Garcia 25 January 2017 — In the poor and mostly black neighborhood
of San Leopoldo, cradle of the picaresque, clandestine businesses and
the sex trade in Havana, is found La Guarida, probably the best private
restaurant in Cuba — which are known as "paladares."

The business is run by Enrique Nunez, a telecommunications engineer
converted into an empresario of the ovens, and dinner for four people,
wine included, is no less than 160 dollars, from the wallets of some
tourists dazzled by the opening of small family businesses on the part
of the Communist regime.

Folklore, poverty and glamor at times click. La Guarida is flanked by a
rundown tenement of narrow rooms and an ostentatious central staircase
with hints of art deco.

On the same street, where the neighbors sit in iron armchairs and on
little wooden benches in the doorways of their houses, brand new cars
with diplomatic plates park, with tourists or government heavyweights.

Romello, 65, born and raised on Virtudes Street, very close to the
prestigious paladar, remembers when "the Queen of Spain, Maradona and a
ton of famous people have come here to eat."

But asked if he has ever dined or had some drinks in La Guarida, the guy
smiles and shakes his head. "What it is man, this paladar is for
millionaires. They tell me a beer costs five bucks and a plate of shrimp
is no less than 15," he says, while walking over to the wall of the
Malecon with an improvised fishing pole.

Reservations at La Guardia can be made on the internet. "But it's a
hassle to book a table. It's always full," says a Spaniard. In paladares
like San Cristóbal, La Guarida or La Fontana, recommended by
international haute cuisine magazines, and where a family dinner can
cost more than 200 dollars, it is almost mission impossible to reserve a
table the same day.

There is a route in Havana, inserted into the usual tourist itineraries,
whether it is the area of the old city, El Vedado or Miramar, where
lunch in a private restaurant is at least 25 dollars a person.

The success of the paladares on the island is a combination of the
tenacity and creativity of their owners. Despite the scarcity of
supplies, traditional or international cuisine is given a touch of the
gourmet with a certain level of quality.

They have been catapulted to success thanks to the thunderous failure of
the state food service, full of idlers and thieves who are profiting
from the food they can steal from the diners.

Thomas, a Swiss tourist, says that in the Parque Central Hotel
restaurant, supposedly five stars, "a dinner for four people, with
tomato soup and sirloin steak which did not stand out in its
presentation, cost me 120 dollars. So when I visit Cuba I prefer to eat
in the paladares. Although the prices go up every year and sometimes the
quality doesn't. But it is always preferable to the state restaurants."

According to information published on 20 October 2016 in the state
newspaper Granma, in Havana there are more than 500 private restaurants.
But around 150 of them would be classified in the category of most
demanding and successful paladares.

And it is precisely in this category where the prices have increased by
30 percent in the last six years. "And if we compare the prices to 15 or
20 years ago, then it's an increase of 50 percent. In 2000, a person
could eat in a good quality paladar for 8 or 10 dollars. Now there's
nothing under 20 or 25," says an Italian married to a Cuban.

If a segment of tourists, businessmen and diplomats complain about the
rise in prices in the private restaurants of the capital, imagine the
Havanans. Most have never sat at a table in a five-star paladar. Many
can't even go to the smallest cafe. In Havana there are private food
businesses in classes A, B and C, depending on one's wallet.

Anselmo, retired, sells loose cigarettes in a nursing home just a
stone's throw from Villa Hernandez, a paladar next to Parque Córdoba, in
the populous neighborhood of La Viñora. "I've never bothered to look at
that paladar. What for, with my shitty pension I could never eat there.
What remains for us old people and those who earn miserable wages is
eating bread with a speck of fish or death-like pizzas from the little
stands run by the state."

In state coffee shops, almost always dirty, with poor service and poorly
prepared food, a pizza costs five Cuban pesos (about 20 cents US) and
it's fifteen pesos for a serving of congrí rice with a chicken
thigh. "That's the food bought by beggars, alcoholics, the old and
retired. Quality leaves a lot to be desired," says Mildred, a high schoo
student.

In the food businesses further away from Old Havana, Vedado or Miramar,
the areas most visited by tourists, the menu is usually cheaper but the
choices are very limited.

In general, plates are based on smoked chicken and pork. "But it is
common that the waiter, taking your order, tells you that 'off the menu'
there is seafood, beef, good fish, lamb and even loggerhead," says
Dianelis, a hairdresser, who usually eats at paladares in Santos Suarez,
Lyuano and Lawton — Havana neighborhoods farther from the center.

And there is a wide sector of private businesses, who, to improve their
profits, use double bookkeeping or financial tricks as a way to avoid taxes.

To eat even medium quality food in Cuba it is recommended you visit a
private restaurant. At special dates — birthdays, weddings,
quinceañeras, families go to paladares to celebrate. If they are short
of money they go to the cheapest ones or places that serve more food.

"Gourmet food is for foreigners. When we Cubans have to eat on the
street, we want to fill our bellies," says Ignacio. But there are not
many who can afford to do so.

Source: Havana 'Paladares', Between Glamor and Poverty / Iván García –
Translating Cuba -
http://translatingcuba.com/havana-paladares-between-glamor-and-poverty-ivn-garca/ Continue reading
Precios prohibitivos impiden a cubanos acceder a los mejores "paladares"
22 de enero de 2017 - 17:01 - Por IVÁN GARCÍA

La escasez de insumos y el auge del turismo internacional disparan los
precios en los restaurantes privados que estaban llamados a ser el
primer gran bastión del empoderamiento del pueblo de la isla

LA HABANA.- En el barrio pobre y mayoritariamente negro de San Leopoldo,
cuna de la picaresca, negocios clandestinos y el jineterismo en La
Habana, se encuentra La Guarida, probablemente el mejor restaurante
privado de Cuba.

Un negocio dirigido por Enrique Núñez, ingeniero en telecomunicaciones
reconvertido en empresario de fogones, donde una cena de cuatro de
personas, con vino incluido, no baja de 160 dólares al cambio para
cualquier turista deslumbrado con la apertura de pequeños negocios
familiares por parte del régimen comunista.

El folclor, la pobreza y el glamour a veces congenian. La Guarida está
flanqueada por un solar desvencijado de habitaciones estrechas y una
ostentosa escalera central con tintes art decó.

En la misma calle donde los vecinos se sientan en sillones de hierro y
pequeños bancos de madera, justo en la puerta de sus casas, parquean
flamantes automóviles con matrículas diplomáticas, de turismo o de pesos
pesados del Gobierno.

Romelio, 65 años, nacido y criado en la calle Virtudes, muy cerca de la
prestigiosa paladar, recuerda que "la Reina de España, Maradona y un
montón de famosos han venido a comer aquí".

Pero cuando le preguntan si alguna vez ha cenado o bebido unas copas en
La Guarida, el tipo sonríe y niega con la cabeza. "Qué va socio, esa
paladar es para millonarios. Me han contado que una cerveza cuesta cinco
cañas (dólares) y un plato de camarones no baja de quince", apunta,
mientras camina rumbo al muro del Malecón con una improvisada vara de
pescar.

Las reservaciones en La Guarida se pueden hacer por internet. "Pero es
un lío poder reservar una mesa. Siempre está lleno", señala un español.
En paladares como San Cristóbal, La Guarida o La Fontana, recomendadas
por revistas internacionales de alta cocina y en las cuales una cena
familiar puede superar los 200 dólares, es casi una misión imposible
reservar una mesa para el mismo día.

Existe una ruta en La Habana, insertada dentro del habitual itinerario
turístico, ya sea en la zona antigua de la ciudad, El Vedado o Miramar,
donde un almuerzo en un restaurante particular no baja de 25 dólares por
persona.

El éxito de las paladares en la isla es una combinación de tesón y
creatividad de sus dueños. A pesar de la escasez de insumos, a la cocina
tradicional o internacional le han dado un toque de gourmet con cierta
calidad.

Se han catapultados al éxito gracias al estruendoso fracaso de la
gastronomía estatal, repleta de holgazanes y rateros que viven lucrando
con la comida que pueden robarle a los comensales.

Thomas, turista suizo, cuenta que en el restaurante del hotel Parque
Central, supuestamente de cinco estrellas, "una cena para cuatro
personas, a base de sopa de tomate y solomillo de res y que no destacaba
por su presentación, me costó 120 dólares. Por eso cuando visito Cuba
prefiero comer en paladares. Aunque cada año suben los precios y a veces
la calidad no es la mejor. Pero siempre son preferibles a los
restaurantes estatales".

Según una información publicada el 20 de octubre de 2016 en el periódico
oficialista Granma, en La Habana existen más de 500 restaurantes de
trabajadores por cuenta propia. Pero alrededor de 150 clasificarían en
la categoría de paladares más demandadas y exitosas.

Y es precisamente en esta categoría donde los precios han aumentado en
un 30 por ciento en los últimos seis años. "Y si comparamos los precios
con hace quince o veinte años atrás, entonces el alza es de un cincuenta
por ciento. En el año 2000, una persona comía en un paladar de calidad
por 8 o 10 dólares. Ahora no baja de 20 o 25", recuerda un italiano
casado con una cubana.

Si un segmento de turistas, empresarios y diplomáticos se quejan del
alza de precios en los restaurantes particulares de la capital,
imagínense los habaneros. La mayoría jamás se ha sentado a la mesa de
uno de estos restaurantes privados cinco estrellas. Muchos ni siquiera
pueden ir a las de menor caché. En La Habana hay negocios gastronómicos
privados clase A, B y C, en dependencia del bolsillo.

Anselmo, jubilado, vende cigarrillos sueltos en una asilo de ancianos a
tiro de piedra de Villa Hernández, una paladar contigua al Parque
Córdoba, en la populosa barriada de La Víbora. "Nunca me he molestado en
mirar esa paladar. Para qué, si con mi pensión de mierda nunca podría
comer ahí. Lo que queda para nosotros los viejos y la gente que gana
sueldos de miseria, es comer pan con minuta de pescado o pizzas de mala
muerte en los timbiriches del Estado".

En las cafeterías estatales, casi siempre sucias, con mal servicio y
peor elaboración, una pizza cuesta cinco pesos y quince pesos una ración
de arroz congrí con un muslo de pollo. "Esa es comida que compran los
mendigos, alcohólicos, viejos y jubilados. La calidad deja mucho que
desear", comenta Mildred, estudiante de preuniversitario.

En los emprendimientos gastronómicos más alejados de La Habana Vieja,
Vedado o Miramar, las zonas más visitadas por turistas, el menú suele
ser más barato, pero las opciones gastronómicas más reducidas.

Por lo general, los platos son a base de carne de cerdo, pollo y
ahumados. "Pero ya es habitual que el dependiente, al tomar tu pedido,
te diga que fuera de la carta hay mariscos, carne de res, pescado bueno,
cordero y hasta caguama", subraya Dianelis, peluquera, que suele comer
con frecuencia en paladares de Santos Suárez, Luyanó y Lawton.

Y es que un amplio sector de los negocios particulares, para tener
mejores ganancias, suelen utilizar la doble contabilidad o trampas
financieras como una forma de evadir sus impuestos al fisco.

Para comer con mediana calidad en Cuba es recomendable visitar un
restaurante privado. En fecha señaladas como cumpleaños, bodas o fiestas
de quince, las familias acuden a paladares para celebrarlos. Si andan
cortos de dinero, van a la más barata o donde sirvan mayor cantidad de
comida.

"La comida gourmet es para los extranjeros. Los cubanos cuando tenemos
que comer en la calle nos gusta llenarnos la panza", revela Ignacio.
Pero no son muchos los que pueden hacerlo.

Source: Precios prohibitivos impiden a cubanos acceder a los mejores
paladares | Cuba -
http://www.diariolasamericas.com/america-latina/precios-prohibitivos-impiden-cubanos-acceder-los-mejores-paladares-n4113033 Continue reading
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