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Calendario
Lo que el «viento» se llevó
Desde los sitios que hacían las mejores croquetas hasta los lugares
donde les llevaban los platos de pollo al automóvil a los clientes, que
solo tenían que bajar las ventanillas
Waldo Acebo Meireles, Miami | 28/03/2017 4:00 pm

La Habana ha visto un renacer de los restaurantes privados, los llamados
'paladares' en general bastante alejados de las posibilidades de los
bolsillos del habanero de a pie, pero antes del desastre en La Habana
había muchos más, aunque también alejados del bolsillo del habanero
común de aquella ya lejana época. Según el Directorio Telefónico de 1958
existían más de 150 de esos restaurantes de primera línea del tipo del
'Emperador'; 'Monseigneur'; 'Castillo de Jagua'; 'Chez Merito'; El
Carmelo'; 'Potin' y otros similares.
No aparecían en el Directorio Telefónico los otros cientos que no
llegaban a ese nivel, y los muchos más que se conocían como fondas, las
criollas y las de chino, y estas sí estaban al alcance de una buena
parte de los bolsillos de los habaneros. En una fonda de barrio podías
comerte una 'completa' que consistía en un plato hondo lleno de arroz,
potaje y un pedazo [no muy grande] de carne por 5 o 10 ctvs. según el
lugar. En La Habana no se carecía de lugares para matar el hambre,
ajustado a las diferentes posibilidades económicas de los presuntos
comensales.
Pero en La Habana existía otro tipo de lugares en que hacer una 'comida
rápida' y no vamos a referirnos aquí a los puestos de fritas de lo cual
ya hemos hablado, ni de las ostioneras, con sus ostiones, huevos de
carey y otros productos marinos que eran reverenciados como
afrodisiacos, e incluso ingeridos por estudiantes en época de exámenes
como supuestos estimulantes del intelecto; nos queremos referir a
ciertos lugares que por la calidad del producto que ofrecían eran
considerados el 'non plus ultra' de ese producto en particular.
Por ejemplo, para los sándwiches y 'medianoche' el lugar considerado 'lo
máximo' era el Bar OK que se encontraba en la esquina de Zanja y
Belascoaín, la clientela hacia colas para adquirir la preciada
exquisitez; en el refrigerador con vitrina hacia el público se podían
apreciar los quesos suizos —producidos en Camagüey— y al fondo las
piernas y jamones. Dos 'luncheros' trabajaban sin descanso para
satisfacer la demanda de un manjar que no era nada barato: 50 ctvs. el
sándwich y 35 ctvs. la 'medianoche'. La alta solicitud garantizaba que
la materia prima fuera fresca y ello estimulaba aún más la demanda.
Sin embargo, para los sándwiches de pavo era en el 'Siglo XX' donde se
confeccionaba el mejor, esta dulcería y cafetería a pocas cuadras de Bar
OK, en Belascoaín y Neptuno, era donde también se elaboraba el mejor
'brazo gitano' y unos excelentes 'éclair', que no sé por qué en Cuba le
llamábamos 'montecristos'. Pero si de dulce se trata no podemos
olvidarnos de la dulcería 'Lucerna' creadores del 'tatianoff' que se
encontraba en Neptuno, o de los 'cake' de la Gran Vía en Santos Suarez,
y, por qué no, del panqué de Jamaica, a la entrada de esa pequeña población.
El pollo —que ahora Cuba tiene que importar de EEUU— era un producto que
tenía un lugar muy especial en los años 40 e inicios de los 50, el 'Pick
in Chicken', era un sitio muy especial, se encontraba en el punto en
donde terminaba el muro del Malecón por esos años, en el inicio de la
Avenida de los Presidentes, a unos pocos pasos de los llamados
balnearios 'El progreso' y 'Las playas' que no eran más que simples
cortes en el arrecife y rellenos de arena. El lugar era un simple
tráiler, unas cuantas mesas al aire libre, además servían directamente
al auto donde ponían una especie de bandeja adosada a las ventanillas.
Pero el pollo empanizado y frito era delicioso. Disfrutabas tu pollo
recibiendo la brisa marina y además en una pantalla, que no era más que
una sábana colgada, proyectaban películas cómicas silentes. El lugar
tuvo que moverse a la calle 3ra. y G en el Vedado al iniciarse la
ampliación del Malecón y perdió su encanto y popularidad.
A mediados de los 50 surgieron los 'Caporales', donde un tazón de caldo
de pollo valía 5 ctvs., y un 'cuarto de pollo' frito 25 ctvs., pero para
saborear los mejores pollos había que esperar a la Feria Ganadera que se
efectuaba anualmente en Rancho Boyeros, en grandes pailas llenas de
barboteante manteca de puerco se freían a la perfección los muslos con
encuentro y las mitades de pechugas. Eran una especialidad que bien
valía el viaje y de paso se hacía el recorrido por donde se mostraban
las mejores razas de ganado vacuno y caballar, aves de corral, cerdos,
conejos y otras especies antediluvianas.
Cerca de Boyeros, en Santiago de la Vegas, existían otros tres lugares
que tenían especialidades muy reclamadas, uno era 'La dominica' y sus
excelentes croquetas, el otro una cafetería del cual no recuerdo el
nombre que estaba frente a la iglesia y en el que vendían un excelente
dulce de coco que ofrecían en unos envases artesanales de barro y era
tan bueno como el que me encontré, pero sin el envase de barro, en el
pueblito de Auras al norte de Holguín. El puerco asado tenía dos
estupendos lugares en la carretera rumbo al Cacahual: "El Rincón
Criollo" y "La Tabernita"; y dato curioso el 7 de diciembre, que era
fecha de luto por la caída en combate de Antonio Maceo y Panchito Gómez
Toro, los bejucaleños se iban en una especie de romería a los
alrededores del monumento a los próceres y montaban unos tinglados y
vendían también un excelente puerco asado, ellos le llamaban: 'la fiesta
del panteón'. El dueño de 'La dominica' siguió confeccionando por
encargo en su casa las excelentes croquetas, y al morir se llevó la
receta a la tumba.
También en las afueras de la capital, en Catalina de Güines, se podía
saborear las archiconocidas butifarras del 'Congo', que originalmente se
vendían en un deslustrado local a pocos metros de la Carretera Central,
y que fue motivo para un conocido 'son' de Ignacio Piñeiro con su tema
'Échale salsita' que George Gershwin utilizó en su 'Cuban Overture'.
La cafetería 'El porvenir' que se encontraba en el cuchillo que formaban
las calles de Infanta y San Francisco a pocos pasos de Carlos III era
famosa por su café con leche, y en invierno por el chocolate, tenía una
clientela habitual que además se veía aumentada por los asistentes a la
funeraria que le quedaba enfrente por la calle Infanta.
Muy cerca, en Carlos III, estaba la 'Antigua chiquita' por antonomasia
era conocida como la casa de las empanadas. Sus apetitosas empanadas de
chorizo no tenían competidor alguno y si uno decía: empanada, entonces
se suponía que era de ese y no de otro lugar. Las papas rellenas tenían
su lugar preferencial en Guanabacoa, en 'El faro', sus papas rellenas
eran insuperables y los amantes de esa delicia tenían que ir hasta la
'Ciudad de Pepe Antonio'.
Para helados 'La Josefita' en la calle Ángeles a pocos metros de Reina,
su helado de mantecado no tenía comparación alguna con los tan venerados
del 'Coppelia'. No olvido este lugar con sus mesas de mármol y sillas de
madera curvada estilo Thonet; la copa de bruñido metal, los frágiles
barquillos envueltos en papel encerado, era toda una exaltación al buen
gusto. Sin embargo, yo sentía una fuerte predilección por el 'frozen' de
chocolate que servían en un modesto puesto de frutas de chinos en la
calle Santos Suárez, casi esquina a 10 de Octubre, podías disfrutar tu
helado mientras los múltiples aromas de mameyes, mangos, piñas,
guayabas, canisteles, anones y cuanta fruta daba nuestro país, te
embargaba los sentidos.

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